
Durante los apagones, miles de usuarios pierden no solo la electricidad, sino también el acceso a servicios de telecomunicaciones en todo el país.
A oscuras, con el ventilador detenido y el silencio pesado de un apagón que se extiende más de lo previsto, revisa el teléfono una y otra vez. Sin datos. Sin señal. Camina de un lado a otro dentro de la casa, como si el movimiento pudiera cambiar algo. Se acerca a la ventana, levanta el móvil, espera. Nada. Sale al balcón, busca altura, gira el cuerpo, prueba un ángulo distinto. La pantalla sigue igual: desconectado.
Intenta una llamada. Fallida. Revisa si hay electricidad en el resto del edificio, si acaso es solo su apartamento. Pero no. Afuera, la calle también está en penumbras. Y con la luz, se ha ido algo más: la posibilidad de comunicarse.
La escena se repite en miles de hogares cubanos cada vez que el sistema electroenergético falla. Porque cuando se va la corriente, no solo se apagan bombillos y electrodomésticos: también se resiente una infraestructura invisible, compleja y profundamente interconectada que sostiene los servicios de telecomunicaciones en la nación.
Telecomunicaciones: Un sistema interconectado

Aunque insuficientes, las inversiones en modernización y expansión de la red han permitido sostener parcialmente los servicios en un contexto adverso.
En un país donde la electricidad se ha convertido en un factor determinante para la vida cotidiana, las telecomunicaciones no escapan a esa realidad. La intermitencia del servicio eléctrico impacta de forma directa una infraestructura compleja y altamente interconectada, cuya estabilidad depende de múltiples nodos funcionando de manera simultánea. Sobre este escenario, Sybel Alonso Baldor, vicepresidenta de Operaciones de Red de ETECSA, detalla las principales afectaciones y las alternativas que la empresa ha debido implementar para sostener los servicios en el país.
“Las telecomunicaciones no deben verse como estructuras aisladas, sino como un sistema interconectado que debe enrutar el tráfico por todo el país, lo que requiere energía en cada uno de sus puntos”, explica la directiva. En ese sentido, advierte que el hecho de que una radiobase esté encendida no garantiza el servicio, ya que depende de que otros elementos intermedios de la red también cuenten con electricidad.
Esta lógica explica situaciones frecuentes para los usuarios: “Puede darse el caso de que un usuario de la telefonía fija tenga electricidad en su domicilio, sin embargo, el gabinete que soporta su servicio esté ubicado en un circuito que no cuente con electricidad, lo que imposibilitará su uso”.
La red eléctrica nacional sigue siendo la fuente fundamental de alimentación de los servicios de telecomunicaciones en Cuba. Cuando falla, las consecuencias son inmediatas: “los sitios tecnológicos principales, radiobases y gabinetes que no cuentan con respaldo se apagan, lo que trae consigo afectaciones a los servicios móviles, fijos y de datos”.
Aunque existen mecanismos de respaldo, su efectividad es limitada bajo las condiciones actuales.
Alonso Baldor precisa que hay sitios con baterías capaces de sostener operaciones entre tres y cuatro horas, pero “ante los prolongados apagones, muchas de estas baterías no cumplen con sus ciclos de carga completamente (…) por lo que han disminuido considerablemente su rendimiento”.
A esto se suman los grupos electrógenos, cuyo uso también enfrenta restricciones. “Requieren de combustible para mantenerse operativos”, señala, y añade que, aunque algunos han sido reparados, otros no han podido recuperarse tras un uso intensivo. Su autonomía depende tanto de la disponibilidad de combustible como del nivel de consumo de cada sitio, determinado por su complejidad y antigüedad tecnológica.
Pese a la escasez, la empresa ha definido prioridades. Según la directiva, se garantiza el abastecimiento de combustible “a sitios donde se concentran las plataformas principales que gestionan servicios como la telefonía móvil y fija, acceso a internet, centros de datos”, así como aquellos encargados de enrutar el tráfico a nivel nacional y provincial. Sin embargo, reconoce que otros nodos intermedios no siempre logran mantenerse operativos, lo que impacta directamente en el acceso final de los usuarios.
Las cifras dan cuenta de la magnitud del problema: “en días recientes hemos contabilizado en el país 1 250 radiobases (47,5 %), como promedio, que se apagan ante las afectaciones eléctricas, mientras que el número de gabinetes ronda los 950 (56,5 %)”.
Las afectaciones no se comportan de manera homogénea. “El nivel de afectación (…) varía en cada uno de los territorios, condicionado en primer lugar por las interrupciones del servicio eléctrico”, explica Alonso Baldor. A ello se suma un factor técnico clave: “a medida que nos encontramos a mayor distancia de un sitio con respaldo energético mayor será el nivel de afectación que vamos a percibir”.
Ahorro, prioridades y alianzas: la gestión en contingencia

ETECSA prioriza el abastecimiento energético en centros clave que sostienen la red nacional y el tráfico de datos en el país.
Ante este escenario, ETECSA ha tenido que reorganizar su operación bajo criterios de racionalidad extrema. “Hemos tomado medidas para ahorrar al máximo el combustible que recibimos”, afirma la vicepresidenta.
Esto ha implicado tomar decisiones complejas: “aunque todos los centros son importantes, lamentablemente no podemos garantizar combustible para todos”, por lo que se priorizan aquellos con mayor impacto en la red nacional.
En paralelo, se han articulado soluciones territoriales. “De conjunto con las autoridades locales, cada territorio ha tomado una serie de medidas (…) para garantizar un nivel de servicios a la población y hacer un uso óptimo del combustible existente”. Entre ellas destacan alianzas con otras instituciones para proporcionar respaldo energético a sitios tecnológicos, así como la conexión de algunos a circuitos priorizados, lo que permite redistribuir recursos.
Además, los especialistas de la empresa realizan evaluaciones constantes: “se mantienen realizando análisis complejos (…) para evaluar cómo hacer un uso más eficiente del combustible (…) o incluso qué servicio priorizar en determinados momentos del día”.
La energía solar como alternativa en expansión

La instalación de sistemas fotovoltaicos busca extender el funcionamiento de gabinetes en medio de la crisis energética.
En medio de la crisis, el impulso a las energías renovables ha cobrado mayor relevancia. “El uso de fuentes renovables (…) ya estaba entre nuestros objetivos, sin embargo, la situación actual nos ha llevado a acelerar el ritmo”, señala.
Como parte de este esfuerzo, se han incorporado 240 sistemas fotovoltaicos de 2 kW, instalados en gabinetes seleccionados tras análisis técnicos. Estos sistemas, combinados con acumuladores, permiten extender el funcionamiento de los servicios incluso sin electricidad: posibilitan mantener activos, por un tiempo limitado, la telefonía fija y nauta Hogar, dependiendo también de las condiciones climáticas.
No obstante, la propia directiva reconoce sus límites: “la incorporación de los paneles no cubre toda la demanda y tampoco es suficiente para mantener todos los servicios de manera continua”, por lo que el combustible sigue siendo imprescindible. Aun así, subraya su valor estratégico como paso hacia el uso de energías limpias.
Inversiones para sostener la red

En días recientes, cerca del 47,5 % de las radiobases del país se apagan durante las afectaciones eléctricas.
A pesar del contexto adverso, durante 2025 se ejecutaron inversiones orientadas a la modernización de la red. Estas incluyeron cambios tecnológicos, ampliación de capacidades y la incorporación de nuevas frecuencias en radiobases.
En particular, la cobertura 4G alcanzó el 52 % del territorio nacional, se incrementó la capacidad de usuarios en 300 sitios, se habilitaron frecuencias de 900 MHz y 2100 MHz en más de 100 radiobases y se instalaron más de 140 nuevos sitios.
“Estas acciones, aunque insuficientes, contribuyeron al sostenimiento de la red”, reconoce Alonso Baldor, en un contexto donde el servicio móvil continúa siendo el más demandado por la población.
Entre la contingencia y la resiliencia

La distancia a un sitio con respaldo energético influye directamente en la calidad del servicio que perciben los usuarios.
Las telecomunicaciones en Cuba atraviesan hoy un escenario de alta complejidad, marcado por la dependencia estructural del sistema eléctrico y la limitada disponibilidad de combustible.
Las medidas implementadas por ETECSA —priorización, alianzas, optimización operativa y apuesta por energías renovables— buscan sostener un servicio esencial bajo condiciones excepcionales.
Pero la ecuación sigue siendo clara: mientras persistan las afectaciones eléctricas, la estabilidad de la conectividad continuará en tensión. En ese equilibrio precario, cada solución técnica suma, pero también evidencia el carácter estratégico —y vulnerable— de una red que depende, en última instancia, de la energía para existir.